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Del patio del cole a la SuperBowl

Xuño 19, 2014

Silvia Carregal

Primera formación del Sal-Lence

Primera formación del Sal-Lence

 

Como toda buena historia de gestas heroicas, la del Sal-Lence nació preñada de sueños y arrancó con un hecho tan inocente como revolucionario: el deseo de practicar deporte. Simplemente sucedía que quien deseaba jugar al balón era una niña y eso en 1984, que es cuando arranca esta historia, era menos común de lo que pueden imaginarse.

El trance acaeció cuando el APA (Asociación de Padres de Alumnos) del colegio público Sal-Lence, en el barrio coruñés de Os Castros, convocó a su alumnado para confeccionar equipos de diferentes modalidades deportivas. Sucedió que en la cola de la de fútbol sala esperó su turno una niña que hizo la prueba y dejó claro que manejaba la redonda incluso mejor que muchos de sus compañeros. Se llamaba Sonia y en el patio jugaba al balón con otras, sobre todo con Berta. Víctor Sieiro decidió tomar el toro por los cuernos y conseguir que aquellas niñas pudiesen competir. En los 80 no había torneos mixtos, ni siquiera en categorías de base, y aglutinar efectivos suficientes para formar un equipo femenino en modalidades como el fútbol sala costaba un mundo. Aunque a fe de ser sinceros, en el Sal-Lence se consiguieron las jugadoras suficientes con bastante facilidad. Había hambre de balón y ansia de regates.

Desde su arranque, el club de Os Castros fue firmando triunfos y logrando títulos. Primero locales, luego provinciales y después regionales. Poco a poco se hizo con un prestigio que sirvió de reclamo para que jugadoras de otros clubes como el también histórico Karbo recalasen en sus filas.

 

Salto nacional

En la temporada 87-88 las coruñesas se inscribieron en la Liga Nacional División de Honor. Empezaba a fraguarse la leyenda. Los entorchados se fueron acumulando en el haber de las gallegas en el ámbito estatal (ligas y copas) e internacional, donde consiguieron, por ejemplo, la Copa Ibérica o la SuperBowl. Los trofeos más codiciados de la modalidad brillaban en las vitrinas de un cole de barrio.

 

Superbowl 1997

Superbowl 1997

Todavía hoy el Sal-Lence es uno de los clubes gallegos más laureados, pero también hubo tiempos de vacas flacas, y muchos sinsabores, principalmente en lo económico. La realidad es tan tozuda como injusta y por muchos títulos que atesorase la entidad, lograr financiación para mantenerla flote era un milagro que temporada tras temporada se le hacía más difícil de conseguir para el mago Sieiro.

Durante décadas, en el seno del Sal-Lence Víctor ejerció todo tipo de responsabilidades, fue entrenador, presidente, chófer y hasta psicólogo improvisado si se necesitó. Pero sobre todo, era él quien lograba pagar las facturas de los viajes, los balones, las camisetas, los bocadillos, el agua… Negociaba con las administraciones, ideaba acuerdos con empresas, y finalmente sacaba dinero de debajo de las piedras o de su propio bolsillo cuando un desplazamiento peligraba.

Llegó un momento en que la situación económica no se pudo sostener más y el Sal-Lence terminó por fusionarse con el Viaxes Amarelle FS. Todavía hoy este club es el heredero de las gestas de una entidad que tuvo como alma mater a Víctor Sieiro, un tipo bajito, con bigote y cara de bonachón que hizo realidad el sueño de cientos de niñas con algo tan sencillo como un balón y un patio de colegio.

 

CONSULTA AQUÍ EL PALMARÉS DEL SAL-LENCE 

 

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